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Dr. Gerardo Ditzel Lacoa
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Las quemaduras en los niños: el otro invierno

Enviado por Dr. Gerardo Ditzel Lacoa el 30/07/2008 a las 20:57

El sentido común nos podría decir que la mayor parte de las quemaduras caseras en niños ocurren estando solos, con sus hermanos, con ancianos o cuidadores indiferentes o inexpertos. Sin embargo, la gran mayoría de estos accidentes ocurre en presencia de los padres, información obtenida en la práctica de más de dos años de funcionamiento de COANIQUEM Austral en Puerto Montt.

Como psicóloga de dicha corporación me toca lidiar semanalmente con el otro dolor, el que no es del cuerpo sino del corazón de niños, padres, hermanos, abuelitos o tíos, enfrentados a una secuela que muchas veces puede ser de por vida: una marca indeleble en la carne y en el alma.

            En los familiares directos de un menor que se ha quemado es frecuente encontrar sentimientos de culpa, especialmente de aquellos que han estado presentes o de los que piensan que si hubieran estado allí, nada habría pasado. Al concentrarse toda la atención en el menor accidentado y prolongarse esta situación en el tiempo, los hermanos pueden sentirse desplazados, faltos de afecto y preocupación por parte de los adultos.

            La suma del sufrimiento y de la culpa en los padres suele generar sobreprotección hacia los menores que se han quemado: se los trata de consentir en todo, evitarles todo tipo de ansiedad y liberarlos de cualquier daño. Claramente hay una etapa aguda después de los accidentes en que los cuidados y cariños tienden a ser reparatorios, pero extender esta forma de relacionarse con el niño después de la fase crítica es muy contraproducente para la evolución socio-emocional del niño, además de llevarlo convenientemente a manipular su entorno. Por ejemplo, he visto niños con cicatrices antiguas, que médicamente ya no producen algia física, quejarse  de dolor en la zona cuando el padre o la madre los está retando.

            Después de la etapa de curaciones viene la etapa de rehabilitación para el retorno a la funcionalidad. Así, el tratamiento de una quemadura puede ser un proceso muy largo; especialmente cuando las cicatrices son en zonas articulares (por ejemplo, codo, rodilla, cuello), suelen producirse repliegues con el crecimiento del menor. Entonces, un aspecto fundamental en la familia es la disposición  y el ánimo de los padres frente al tratamiento, del cual depende directamente la disposición y el ánimo de los menores. Generalmente los niños que tienen menor adhesión al tratamiento son hijos de padres que concurren desanimados o molestos a terapia, se quejan de los ejercicios en casa y se preguntan cuándo terminará el tratamiento.

            Las secuelas emocionales de quemaduras son semejantes a las de otros tipos de accidentes y corresponden a síntomas postraumáticos y depresivos. En niños menores se observan cambios en el dormir (insomnio, pesadillas), cambios en el comer (inapetencia, ansiedad), cambios de humor (irritabilidad), cambios de ánimo (tristeza, llanto fácil), temores (generales o específicos), retrocesos en las tareas del desarrollo (vuelve a usar pañales o a dormir con los papás, no habla, no quiere estar solo). No necesitan estar presentes todas estas características para diagnosticar secuelas emocionales. Por otra parte, es esperable que algunas de estas características se den en niños y adultos, pero el proceso normal  es que vayan gradualmente disminuyendo con el paso del tiempo. Si los síntomas van en aumento o se mantienen por más de un año, deberían ser tratados clínicamente.

            En niños mayores se observa rebeldía (en la casa o el colegio), baja autoestima, vergüenza de sus cicatrices, tendencia a aislarse. Muchas veces los adolescentes no le cuentan a nadie que tienen cicatrices y las ocultan a como dé lugar. También pueden presentar desmotivación, desgano, apatía (en la casa o en el colegio), y rechazo al tratamiento.

            Las intervenciones psicológicas buscan conocer el estado emocional de los niños y sus familiares y apoyarlos en aquellas áreas que se encuentren más comprometidas: terrores, pensamientos y emociones negativos, autoimagen, culpa, rechazo, inseguridad, etc. Generalmente la sensación de ser los únicos que pasan por un trauma así, es muy fuerte para padres e hijos. A veces las madres reportan sentirse observadas e incluso cuestionadas al concurrir a un servicio de urgencia y hasta al caminar con sus hijos por la calle. Entonces, el trabajo grupal puede ser enriquecedor: grupos de padres, de adolescentes, etc. Esto también nos muestra que muchas veces nuestra actitud de curiosidad frente a una persona que es diferente o tiene alguna marca, puede producirle un daño psicológico y una tendencia a evitar el contacto interpersonal.

            La mayor cantidad de quemaduras en niños se producen por agua caliente, y la principal fuente son los hervidores eléctricos: muchas veces los niños pasan a llevar el cable, incluso con el andador en los más pequeños. También caen teteras y ollas al voltearse cocinas a gas: los menores abren la tapa del horno y se paran encima para jugar o alcanzar algo. Las normas de seguridad indican que las cocinas a gas deberían fijarse a la pared.

            Al producirse una quemadura (salvo una quemadura por electricidad), debe aplicarse inmediatamente agua fría en grandes cantidades: es como apagar un incendio, porque el calor sigue quemando hacia capas más profundas, para explicarlo en términos muy simples. Luego se debe consultar inmediatamente.

           

            El amor, el cariño, la disposición positiva, los cuidados, las caricias y masajes, son curativos en sí mismos, no así la sobreprotección. Por eso se recomienda que una vez pasada la urgencia y la gravedad, se retome un ritmo de vida lo más normal posible, para que el niño se reinserte en su  medio con naturalidad. A veces los padres tienen temor que el niño reciba burlas en el colegio, e incluso un pelotazo en el recreo. Pero esos pueden ser temores de los adultos y no de los niños, que generalmente ansían poder realizar sus actividades normales. Es importante mantener una buena comunicación, conocer sus pensamientos y emociones y evitar transmitirle nuestras propias inseguridades y aprehensiones.  

 

 

Ines G. Rose Fischer

Directora Escuela Psicología

Etiquetas:

trabajo en mi tesis,"niños con Quemaduras"

Enviado por maite el 16/08/2008 a las 23:26

hola, es muy interesante este articulo, ya que e buscado mil pag. y ninguna m dio la informacion q deseo, soy estudiante d Terapia Ocupacional ya por graduarme, y necesita todo lo q me puedas dar en informacion en secuelas psicologicas en niños con cicatrices por quemaduras.

Realmente es muy bueno tu articulo.

Gracias por publicar, y ser tan especifica en los detalles. Espero me puedas Ayudar!!!

Atentamente

MAITE V.S.

skymaite@hotmail.com







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